Un estudio de Cáritas Nigeria en colaboración con la Secretaría Episcopal del país revela más de 200 secuestros y 15 asesinatos desde 2015. Padre Michael Banjo: las demandas de rescate y el terrorismo son las principales causas de un fenómeno creciente
Federico Piana - Ciudad del Vaticano
El padre Chidi Obilor, de la diócesis de Aba, secuestrado y luego liberado; el padre Pius Ogunyebi, de la diócesis de Ilorin, que milagrosamente logró escapar de sus secuestradores; el hermano Andrew Peter, seminarista de la diócesis de Auchi, bárbaramente masacrado. Un vistazo a la lista de sacerdotes y seminaristas secuestrados y asesinados desde 2015 en Nigeria hace que a uno le dé un vuelco el corazón, porque esos nombres no solo representan una cruda estadística, sino que son historias que hablan de una tendencia criminal que parece no tener fin.
Incompleto pero esencial
En sólo diez años, los tomados en consideración por un estudio realizado por la Cáritas nigeriana en colaboración con el Secretariado católico de la Conferencia episcopal local, se han producido 201 secuestros mientras que los asesinatos han sido 15. Datos útiles para comprender la dinámica de un fenómeno que ensangrienta la nación de África occidental y, sin embargo, todavía extremadamente parciales, ya que el informe tomó en consideración 40 de las 60 diócesis sin incluir las congregaciones religiosas masculinas y femeninas. Las limitaciones, según los autores del estudio, hay que buscarlas en la escasez de financiación y en la reducida posibilidad de diálogo con las cancillerías diocesanas y los distintos institutos religiosos para obtener información actualizada y coherente. Por lo tanto, el número de secuestrados y asesinados podría ser mucho mayor.
Diferentes causas
«Por supuesto, se trata sólo de una indicación sumaria, pero muy preocupante», confía a los medios vaticanos el padre Michael Banjo, secretario general del Secretariado católico, señalando que «la diócesis de Okigwe registró el mayor número de secuestros, mientras que la de Kaduna se llevó el triste récord de sacerdotes asesinados». Y hay otra estadística inquietante, la de los secuestros múltiples: al menos seis sacerdotes han sido secuestrados más de una vez, presumiblemente por los mismos grupos de bandidos. El informe no menciona las razones por las que sacerdotes y seminaristas son intimidados, secuestrados y muy a menudo asesinados, pero el padre Banjo no tiene dudas: «Principalmente, hay dos causas: la económica vinculada a las peticiones de rescate y la directamente atribuible a verdaderos actos de terrorismo religioso fundamentalista. Y en las garras de los criminales acaban también los no cristianos, que no pocas veces pierden desgraciadamente la vida».
Estilo de vida sobrio
Los obispos nigerianos han instado a todos los sacerdotes a mantener un estilo de vida sobrio para evitar atraer la atención de los delincuentes, y han pedido encarecidamente a las autoridades que creen las condiciones para una mayor seguridad en el país para todos, no sólo para los cristianos. «Hace dos semanas -informó el secretario general del Secretariado católico- los obispos, al final de su asamblea plenaria, hablaron de los secuestros y asesinatos con el presidente nigeriano: en esa ocasión lanzaron un llamamiento, no sólo presentando los datos de nuestro informe, sino también contando cómo están sufriendo todos los ciudadanos. La misma Conferencia Episcopal instó a todos los párrocos a poner en práctica la seguridad en sus estructuras religiosas colaborando con los órganos policiales».
Pobreza y esperanza
Nigeria, el estado federal más poblado de todo el continente, con más de 215 millones de habitantes, sigue luchando contra la pobreza y la corrupción. «Pero -señala el padre Banjo- no hay pobreza porque nuestro país sea pobre, sino porque la riqueza está concentrada en manos de unos pocos. La Iglesia confía en que todos los ciudadanos puedan participar activamente en la vida política para intentar que se produzcan transformaciones en la sociedad que sean útiles para el bien común». Una esperanza alimentada por el Jubileo que se está viviendo con mucha participación en Nigeria: «El Año Santo es una oportunidad para pedir a las personas que pueden hacerlo que ayuden a los que están en dificultad, a los que realmente no tienen nada». Los obispos también han pedido a las instituciones gubernamentales que utilicen la clemencia con los presos y conmuten la pena capital.
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